La amígdala se encarga de manejar el miedo, el pánico. En la medida de estar en constante exposición a situaciones extremas, la amígdala se va desensibilizando al miedo porque empieza a a recibir influencia de la corteza cerebral, especialmente de la corteza frontal, el sitio donde e resuleven problemas y se procesa el pensamiento “consciente”. Los lóbulos frontales facilitan la acción, con lo cual se evita la parálisis por miedo y pánico.

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